Bucaramanga, 10 de octubre de 2026 — Cuando una comunidad decide proteger su patrimonio, la arquitectura tiene algo que decir. Eso fue exactamente lo que ocurrió el pasado sábado en el histórico Edificio Central del Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata —el Tecnológico de Bucaramanga—, donde doce aulas recuperaron su color gracias a un proyecto estructurado desde la raíz por la Sociedad Colombiana de Arquitectos Regional Santander, el CESCA Santander y la Fundación Pintuco, en alianza con la Asociación de Egresados ASETDAZA.
Arquitectura + industria: una alianza con propósito
«Repintando Sueños» no nació como una jornada de pintura. Nació como un proyecto. Y como todo proyecto bien hecho, tuvo una fase de estructuración técnica donde la arquitectura jugó un papel central.
La SCA Santander y el CESCA asumieron desde el inicio la responsabilidad de definir el alcance de la intervención: qué espacios intervenir, con qué criterios de diseño, qué acabados eran apropiados para un edificio con el valor patrimonial del Tecnológico, y cómo garantizar que el resultado final fuera digno de su historia. No se trataba simplemente de pintar paredes — se trataba de intervenir con rigor un inmueble que albergó en 1948 las primeras clases de la Universidad Industrial de Santander y que hoy sigue siendo un referente de la memoria educativa de Bucaramanga.
La Fundación Pintuco fue el aliado estratégico que hizo posible materializar esa visión. La fundación donó la totalidad de la pintura requerida para los doce salones —17 cuñetes que llegaron a la institución días antes de la brigada—, y su equipo técnico capacitó a los voluntarios en el uso adecuado de brochas y rodillos, garantizando que el trabajo resultante tuviera la calidad que el espacio merece. Esta alianza entre el conocimiento arquitectónico de la SCA y la experiencia técnica de Pintuco fue la columna vertebral del proyecto.
El trabajo técnico previo: donde la arquitectura marca la diferencia
Uno de los momentos más significativos del proceso ocurrió el día anterior a la brigada, cuando el arquitecto Julián, en representación de la SCA Santander y el CESCA, visitó el Tecnológico para marcar las hondas en los doce salones. Este trabajo de trazado técnico — aparentemente sencillo, decisivo en la práctica — fue lo que garantizó que cada voluntario, independientemente de su experiencia, pudiera intervenir el espacio con precisión y coherencia visual.
Es exactamente ahí donde la arquitectura hace la diferencia en proyectos comunitarios: no solo en la gran escala de los edificios icónicos, sino en el detalle que convierte una jornada de voluntariado en una intervención técnicamente sólida. El equipo de la SCA acompañó de cerca la coordinación logística de materiales, asegurando que cada cuñete de pintura llegara a tiempo y al lugar correcto.
La jornada: comunidad, brocha en mano
El sábado 10 de octubre, más de cien voluntarios — estudiantes de sexto a undécimo grado, padres de familia, egresados y docentes — tomaron las brochas preparadas por el equipo técnico y transformaron doce aulas del Edificio Central. Fue una jornada que demostró algo que los arquitectos saben bien: los espacios que habitamos nos pertenecen, y cuidarlos es también una forma de habitarlos.
El equipo docente de la institución atendió el punto de hidratación y coordinó el almuerzo para los voluntarios — un gesto que prolongó la jornada más allá del trabajo y la convirtió en un verdadero encuentro de comunidad.
El proyecto fue cubierto por Vanguardia, que lo reseñó en su edición del domingo 11 de octubre bajo el titular «Doce aulas, mil recuerdos: el Tecnológico vuelve a soñar», reconociendo a la SCA Santander entre los aliados que hicieron posible la iniciativa.
Patrimonio que se cuida con criterio
Para la SCA Santander, «Repintando Sueños» es mucho más que una acción de responsabilidad social. Es una demostración práctica de que la arquitectura tiene un rol activo en la protección del patrimonio construido, especialmente cuando ese patrimonio pertenece a la comunidad y no a grandes instituciones con recursos ilimitados.
El Edificio Central del Tecnológico, diseñado por Ernst Blumenthal, es un testimonio del modernismo educativo en Bucaramanga. Su recuperación progresiva — con criterio técnico, con aliados estratégicos y con la participación de la comunidad — es exactamente el modelo de intervención patrimonial que la SCA Santander promueve: riguroso, colaborativo y sostenible en el tiempo.
El proyecto continuará en 2027 con una segunda fase que contempla la intervención de fachadas internas y externas, y la actualización del cableado eléctrico. La SCA Santander y el CESCA seguirán acompañando este proceso.

















